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Sólo ella se quedó

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Sólo unos pocos llegaron a darse cuenta, de que hace algunos años mi mundo colapsó. Comenzó todo a mitad del 2014 y no pude salir sino hasta 2016.

Ya desde antes la conocía a ella; pero ese lapso constituyó nuestro primer gran desafío.

Después de haber bajado al infierno quedé hecho un guiñapo, un guiñapo maltrecho y maloliente. Todos se habían ido. Menos ella. Después de haberme revelado sin tapujos, mis amigos íntimos y mi media naranja desaparecieron. No los culpo; simplemente no tenían por qué soportar los desvaríos de mi purga.

Sólo ella se quedó. Sólo ella estaba al final del túnel, confiando en que algún día saldría; librando su propia batalla.

Al final entendí que lo único que yo necesitaba era alguien que confiara en mi capacidad para salir de ese laberinto; alguien con quien pueda llorar sin que me pierda el respeto.

Desde entonces no han dejado de presentarse desafíos; todos con sus pesares, fatigas e incertidumbres. Pero ahora los enfrento desde un nosotros y eso me prov…

De príncipe a sapo

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«No ser amados es una simple desventura; la verdadera desgracia es no amar» —A. Camus
Estoy en el tercer piso de la torre del malsano estacionamiento de Plaza del Sol; Plaza del Sol donde encuentras Todo. Desde la semana pasada el jefe me ha plantado aquí como escarmiento a mi desempeño «no-proactivo» hacia mis obligaciones como cajero de aparcamiento.

Mi función en este rincón es quedarme frente a una mesa con un sello que dice EMPLEADO y esperar a que se detenga algún automóvil para luego proceder. Paso 1 de 3: Acercarse a la ventanilla del conductor. Paso 2 de 3: Verificar su gafete de empleado. Y Paso 3 de 3: Sellar su boleto. Así puede salir del centro comercial sin pagar la tarifa del estacionamiento.

Pienso que este trabajo bien podría hacerlo un retrasado mental, pero dice la señora Salvatierra que todos los empleos de hoy son embrutecedores y monótonos; que en ellos hay que repetir un procedimiento infinidad de veces; y que todo lo que se repite hasta el hastío, antes de matart…

Recomendaciones del Dios Jano para inicio de año

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El Dios Jano nos recomienda hacer un recuento silencioso sobre las batallas libradas durante el año, las victorias y las derrotas, los amigos perdidos y los amigos ganados.

El Dios de las puertas nos conmina a soltar los rencores acumulados y los deseos imposibles; quiere que miremos de reojo altivo el pasado que quedará guardado en nuestra memoria.

Por último, el bifronte implacable quiere que miremos con la frente en alto el alba luminosa que nos ofrece el porvenir; con todas sus alegrías y también con todas sus tristezas; que más nos fortalecen.

Conjuremos, hermanos de batalla, a Jano; dediquemos en su nombre nuestros renovados bríos, pues él nos ha concedido en este día un hermoso renacer.

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Ilustración: Janus Bifrons 2016 by Natasa Ilincic

La filosofía como profesión

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Hoy es Día Mundial de la Filosofía. Es un asunto que viene muy bien a cuento en estos tiempos en que se ha puesto en tela de juicio la validez de la Filosofía como profesión.

No hay un trabajo de filósofo como tal; que no se confunda con el de profesor de filosofía que sólo tiene la obligación de transmitir la historia de las ideas.

Es quizá el hecho de que el objetivo principal (Thelos) de la sociedad actual no es ya la contemplación sino el consumo.

En la antiguedad clásica había escuelas de filosofía que tenían como propósito no la grosera producción para el consumo, sino la contemplación desinteresada de la verdad, la belleza, el bien, lo sagrado, en suma el Arjé.

Hoy en día la filosofía queriendo entrar en la competitividad del mercado pierde su carácter contemplativo y se transforma en un producto más de consumo; y esto lo hace en forma de charlatanería para embaucar a ingenuos con algo de dinero de sobra.

Mi conclusión es que si bien no hay lugar para la filosofía como profesi…

La palabra Hobby es una palabra fea

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La palabra Hobby es una palabra fea, le resta valor a algo que es en esencia lo más valioso: ser lo que honestamente se quiere ser. Da a entender que es algo que se hace por distracción o descanso, algo para «matar el tiempo». De tal manera que si se lee un libro por algo ajeno a la escuela o al trabajo es «por hobby» u ociosidad. Si se aprende a tocar un instrumento musical y no genera dinero, fama o reconocimiento se traduce como improductivo. El parámetro social es claro: lo que no se traduce en producto o servicio para la venta no es valioso, no tiene valor social.

La red global empeora la cosa. Ahora hay que crearse una imagen para poder vender(se). Ser la inspiración de miles de seguidores, ser esa payasada de individualismo exacerbado llamada influencer. En el mercado global de individuos producto los hobbies esconden muy bien el hecho de que sólo se trabaja para forjar la imagen que se ha de vender; a cambio de dinero o aprobación social.


Hasta aquí estamos de acuerdo. Pero a…

La Rata Herida

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Hoy no traje cena porque es lunes. Los lunes el dueño de la fonda La Playita se deshace de los pollos rostizados que no se vendieron el fin de semana. Como soy el más criaturita de los empleados del estacionamiento a mí me toca ir a plantarme fuera del local y preguntar por Don Gus.

Estoy con la reglamentaria camisa amarillo patito que lleva el logo de Plaza del Sol en el pecho izquierdo, pantalón y gorrita azul rata, esperando a que el célebre don Gus, dueño de esta cadena Tapatía de restaurantes tipo lonchería, se acuerde de que un mozalbete le espera.

Los pollos para desechar están frente a mí. Bastaría tomar el que nos corresponde a "los chabales del estacionamiento" e irme, pero hay que esperar a Don Gus para que él, personalmente, haga la entrega mientras da su clásica charla.

El ritual es sencillo: hay que sonreír cuando el vetusto y regordete patrón empiece y termine de hablar, bajar la mirada cuando el anciano caucásico y sudorosos Don Gus esté dando la charla. Hay…

El día que acepté mi fealdad

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Mis ojos son pequeños y mi nariz un tanto grande. Además mi cabello chino hace que mi cabeza parezca un dulce de colaciones. De adolescente los otros niños me lo hicieron notar con comparaciones, motes y chanzas.

Así que intenté disimular mi "monstruosidad" durante muchos años con una gorra. Me preguntaban que si dormía con ella. Dejé la gorra hasta que entré a la universidad. Es algo que no se permite allí. De manera que ya no pude esconder mi desproporción.

Cual Frankenstein pequeñajo evitaba socializar. Pero pasó algo curioso, conforme iba aceptando mi defecto me iba haciendo atractivo. Quizá fue por el halo de misterio que irradian los solitarios. Resultó que a algunas chicas les gustó mi compañía (con la posibilidad de interacción erótica que  ciertos contextos conlleva). Pasó tiempo para darme cuenta de que las mujeres también se enamoran de los hombres que no son guapos, que inclusive lo hacen de una forma más profunda.

Poco a poco dejé de preocuparme de no parecer f…